El presidente de Slow Food Internacional estuvo en Colombia para compartir su experiencia al frente de este movimiento, que busca contrarrestar la difusión de la cultura del fast food desde 1989.

Carlo Petrini, presidente de Slow Food Internacional, se ha convertido en un influyente líder de opinión en cuanto a gastronomía se refiere. En 2004 la revista Time lo nombró “Héroe Europeo” y en 2008 se convirtió en el único italiano incluido en la lista de las “50 personas capaces de salvar el mundo”, del diario británico The Guardian.

Durante su visita a Bogotá, dos universidades contaron con la presencia de este escritor y periodista italiano, quien habló sobre la ecogastronomía, la cual incluye la promoción de un sistema de producción y consumo sostenible y ambientalmente responsable.

A propósito de su estadía en el país, conversamos con él acerca de la filosofía de Slow Food y su rol activo frente al modo de alimentarnos en los tiempos modernos.

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Carolina Urrego:  Tras estar en Sao Pablo, Lima y Bogotá, ¿qué expectativas tiene sobre esta gira?

Carlo Petrini: Espero que mi visita fortalezca la visión y la conexión entre cocinero y productores. El mundo campesino merece más respeto y dignidad, y el cocinero debe ser un promotor del campo. Me interesaba conocer la realidad latinoamericana. Creo que aquí el movimiento va a crecer mucho. Quiero retornar para conocer la Colombia profunda, la verdadera, con una diversidad cultural y productiva inmensa.

 

CU: ¿Cuál es el mensaje que desea dejar tras su visita a Colombia?

CP La gastronomía puede ser un instrumento para fortalecer la realidad campesina, la identidad de cada país. Me encanta hablar de la “Gastronomía de la Liberación”, que es responsable, que tiene respeto por el medio ambiente.

CU: Explíquenos, ¿en qué consiste la filosofía de “bueno, limpio y justo?

CP: Decimos que el alimento debe ser bueno porque es sano además de agradable desde el punto de vista organoléptico; limpio porque presta atención al ambiente y al bienestar animal; y justo porque es respetuoso con el trabajo de quienes lo producen, lo transforman y lo distribuyen. Si falta una sola, no existe calidad alimentaria.

 

CU: ¿Por qué el movimiento se opone a la cultura del fast food?

CP: El fast food homologa los gustos, es una homologación cultural, una manera de destruir el patrimonio. Nosotros trabajamos por la diversidad gastronómica y la identidad de los pueblos. La comida chatarra es invasiva y está causando graves problemas de salud en el mundo.

 

CU: ¿Cómo aplicar la filosofía del Slow Life cuando el mundo moderno impone velocidad?

CP: No es verdad que no haya tiempo. El ritmo de vida te impone ser veloz, pero el valor está en la lentitud, sin exagerar. No necesitamos consumir y destruir cada vez más rápido, sino fortalecer la calidad de la alimentación porque si seguimos bajo el mismo paradigma, vamos a morir.

 

CU: ¿Cuál debe ser el papel de los profesionales de la Gastronomía en la promoción de mejores prácticas alimentarias?

CP: El cocinero es un intelectual del alimento que debe conocer las problemáticas y respetar el placer de la comida, porque un gastrónomo que no siente responsabilidad por el medio ambiente y la sociedad es estúpido.

CU: Slow Food habla de identidad cultural, ¿cómo empezar desde lo individual a incorporar este concepto en lo gastronómico?

CP: Antes de conocer la cocina del mundo, debes conocer la gastronomía popular para fortalecer la identidad de un país. Está mal que el colombiano no consuma el producto nacional por un “neocolonialismo” de las culturas extranjeras.

 

CU: ¿Cuál es el mayor desafío de la humanidad en términos alimentarios?

CP: Lo más importante es reducir el desperdicio. En la Tierra se producen alimentos para 12 millardos de personas, pero el 40% se convierte en desperdicio antes de haber llegado a la mesa. En los últimos 50 años, la comida perdió su valor, ahora la comida es una mercancía, pero por siglos siempre tuvo valor de participación, valor espiritual, valor cultural. El valor significa el respeto por quien trabaja, la conciencia de nuestra cultura y de nuestra identidad.

Por Carolina Urrego Montoya

@LaInconversa

Publicado en la Revista La Barra