Fuimos al primer Festín de Insectos comestibles del Bonito Tianguis y probamos algunos de los productos ícono de la dieta prehispánica, entre ellos los escamoles, los Chinicules, los Cocopaches, los Chapulines y los Jumiles.

Allí nos enteramos  que alrededor de 96 especies de insectos comestibles sirvieron como base para la alimentación de los habitantes de Mesoamérica y que tan sólo uno de estos insectos (de 100 gramos) puede aportar hasta el 80% de proteínas de tu alimentación diaria.

El reto del jumil

La primera prueba fue la de comer un insecto vivo, por fortuna su tamaño y forma, no era muy desagradable. Los jumiles o chinches de monte son unos insectos pequeños que crecen en la raíces de los arboles, en el Estado de Morelos y de Taxco.

Tan importante ha sido su presencia en la vida cotidiana y la alimentación de los pobladores de estas regiones, que incluso tienen una fecha de celebración denominada la “Feria del Jumil”.

Los jumiles tienen decenas de propiedades nutricionales y altos porcentajes de proteínas de fácil digestión, poseen propiedades analgésicas y anestésicas, y ayudan a regular la presión sanguínea por su alto contenido mineral.

El índice proteico del jumil lo ubica dentro de los 20 alimentos que aportan más proteínas por miligramo y su ingesta durante el periodo de gestación, reduce deficiencias y hasta la muerte posnatal.

Tacos de canasta de insectos

En el Festín de insectos comestibles, también encontramos estos tacos de canasta de chapulines con champiñones y de gusanos de maguey, un poco grasosos, pero aplaudimos la propuesta, pocos hay en la ciudad.

 

También probamos los Cocopaches, en realidad, no fue nada agradable, la costra del insecto es muy dura y su sabor no destaca frente a las salsas y la preparación del sope (tortilla de maíz, frijol y queso)

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